PALABRA PASTORAL
Los ojos de Dios (Proverbios 15:3)
Proverbios 15:3 Los ojos del SEÑOR están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.
Job 34:21 Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.
Proverbios 5:21 Porque los caminos del hombre están ante los ojos del SEÑOR, y él considera todas sus veredas.
Jeremías 16:17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos.
2 Crónicas 16:9 Porque los ojos del SEÑOR contemplan toda la tierra, para corroborar a los que tienen corazón perfecto para con él...
Los versículos anteriores revelan con claridad al menos dos atributos divinos: la OMNIPRESENCIA y la OMNISCIENCIA de Dios.
Sabemos que el pecado nace primero en la mente y, cuando se practica, produce muerte.
Santiago 1:15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.
Una de las formas más eficaces de combatir el pecado cuando todavía está en su fase de concepción es RECORDAR A DIOS Y SU PALABRA.
Muchos esconden sus actitudes pecaminosas de las personas que los rodean: padres, madres, esposos, esposas, hijos, amigos.
Si algo tiene que ocultarse, es porque no es bueno, es reprobable o puede entristecer a alguien.
Lo curioso y triste es que a las personas les importa profundamente lo que los demás piensan o sienten, pero no demuestran la misma preocupación por lo que Dios piensa o siente.
Temen la desaprobación humana, pero ignoran la posibilidad de la desaprobación divina.
Esconden sus pecados los unos de los otros, pero olvidan que nada se puede esconder de Dios, pues Él ve todo y a todos.
Dios jamás le impedirá a nadie pecar, porque no pecar es siempre una decisión humana.
Obedecer o desobedecer, agradar o desagradar, amar o rechazar, vivir espiritualmente o morir espiritualmente... todo esto son elecciones diarias.
Dios no obliga a nadie a desearlo, amarlo, servirlo o entregarle su camino.
Pero, así como un error puede destruir a una familia, un trabajo o una vida, el pecado nos aleja de la gloria de Dios, nos excluye de sus promesas de bendiciones y nos pone bajo las promesas de maldición y de muerte.
EL PECADO SIEMPRE GENERA MALDICIÓN, y esta maldición siempre produce consecuencias, independientemente del arrepentimiento y la salvación.
Por lo tanto, NO PEQUES, porque LOS OJOS DE DIOS ESTÁN EN TODO LUGAR.